
¿Cuántas veces he comenzado a escribirlo y cuanto veces lo he borrado y reescrito....Cómo siempre, las palabras parecen tan inútiles... Desde que tengo uso de razón, sé que te busco. Todo a mí alrededor está vacío, en un mundo tan gris, pero tú has podido darme momentos de luz. Te he sentido en tantas partes y en ninguno, en tantos pensamientos y sueños.
Estos días de tu ausencia te he extrañado con locura y me he rendido a las memorias de tu piel sobre mi cuerpo. Te he soñado y fantaseado; me has bañado y acostado dulces sueños. Y aprovecho un jadeo, un suspirar para agradecer el recuerdo de tus brazos, que me vuelcan y me apoyan, y me aferran siempre igual.
Tus brazos que fueron de hierro durante mi debilidad de lágrimas, durante mi infinita tristeza, mi desolación, mi insustituible pérdida. Tus brazos han sido un soporte inesperado, sorpresivo, hoy me sostienen, me consuelan, me confortan, me reaniman, me fortalecen, me levantan, me vivifican… no puedes dejarme morir.