
No me avergüences más con tus ojos, que no he venido a mendigar de ti. Sólo me paré un instante al final de tu patio, al otro lado de los rosales de tu jardín. ¡No me avergüences más con tus ojos!No cogí una rosa, ni arranqué una fruta de tu jardín. Me eché, humilde, a la sombra del camino, que no se niega al caminante. Pero no toqué una rosa.
Mis pies estaban cansados y la lluvia me calaba. Gemía el viento entre las ramas dobladas de los árboles y las nubes corrían por el cielo, como huyendo de una derrota... Mis pies estaban cansados...No sé que pensaste de mí, ni a quien esperabas a la puerta. El relámpago te deslumbraba los ojos vigilantes. ¿Cómo iba a saber yo que tu me veías allí en la oscuridad?
El día muere. Ha dejado un momento de llover. Me voy. Ahí te dejo la hierba en que me senté y la sombra del árbol grande de tu jardín, que me amparó. Cierra tu puerta, que oscurece. Yo sigo mi camino...El día se ha muerto.
Sé que si llegas a leer ésto que encontré por ahí, sabrás que son para ti. Son el resumen de mi dolor...



